Una mañana con Don Jacobo Zabludovsky.

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Scan0003Se llegó el aniversario 20 del terremoto de septiembre de 1985; días antes en su programa de radio “De una a tres”, difundieron que el programa se realizaría con testimonios de sobrevivientes y convocaban a los sobrevivientes; yo soy una sobreviviente. Anote el teléfono y me comuniqué. Después fui contactada por una secretaria, -le comunico con el Lic. Zabludovsky, me hizo algunas preguntas, su voz firme, amable y con preguntas suaves pero concretas. Me pidió que no colgara y le diera los datos a su secretaria e hice una cita a la cual acudí con emoción.

Encontrarme con una personalidad como él y recordar los difíciles momentos que pasé, que vivimos todos; el recuerdo de estar en el edificio colapsado, entre escombros…haber estado en el tercer piso y llegar hasta abajo de lo que fue Medellín 94 en la Colonia Roma. Eran una serie de sentimientos encontrados: contento, inquietud, melancolía, nerviosísimo… en fin, todo se mezclaba.

El icono del periodismo, aquel que deseaba seguir en la escuela; recuerdo su noticia del derrocamiento del presidente Allende, la noticia sobre el cambio de nombre de la Secretaría de Salubridad y Asistencia Pública; su trabajo constante y disciplinado. Y en unas horas le tendría delante.

Al llegar al edificio de Radio Centro en Constituyentes, legado de Don Francisco Aguirre Jiménez, me acerque al personal de vigilancia, dije que tenía una cita; alguien llamó a la oficina correspondiente. Después me ofreció una bitácora, me dio un gafete y me indicó a que piso subir.

Mi corazón latía como si hubiera corrido tres kilómetros; el elevador abrió la puerta y estaba ahí, en persona, para recibirme en la puerta del elevador. Todo un caballero. Me condujo a su oficina y me pidió que le diera mi relato del suceso del 85. Cuando llegue al momento de mi rescate de entre los escombros mencioné: “entre los escombros por un agujero vi una mano morena, era un rescatista de la Cruz Roja…”, él me pidió que resaltara la mano morena como símbolo de la solidaridad del pueblo mexicano y la valentía de los socorristas. Presentó esa entrevista como “Una sobreviviente de la Roma”, el audio debe permanecer en los archivos de Radio Centro.

Luego se disculpó, me dijo que le permitiera un momento; cuando regresó conmigo me condujo a la cabina y comenzamos la entrevista. En tres ocasiones interrumpí porque me ganaba el llanto, a él también porque si bien no sufrió en su persona el fenómeno si en su corazón por la casa y la familia laboral y la ciudad que amaba, y nos abrazamos un instante para llorar un poco y continuamos.

Él fue el cronista de la ciudad caída, esa ciudad que amamos; de la casa donde trabajo por tantos años, verla en ruinas, entrecorto su voz.

Al final cruzamos algunos comentarios, le mostré un periódico que estaba publicando en mi comunidad y fue muy amable al llamarme amistosamente “colega”, fue un honor. Hoy sus palabras son una distinción total.

Su caballerosidad, su sensibilidad, la maestría para conducir a quién entrevistaba y llevarlo al punto que necesitaba me hizo admirarlo más. Tener cerca al personaje que admire desde siempre, fue un honor. Saber que no me había equivocado… que era el tipo de persona que se debe admirar.

Con un sentido del humor fino, una sonrisa franca y una mirada plena. Cuando le mostré unas fotos de entonces, de una entrevista que me hizo la revista “Jueves de Excélsior”, me dijo “el tiempo le ha hecho justicia” y sonrió.

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Un buen esposo, un buen padre y un excelente amigo. Hoy el haber compartido unas horas, de una mañana, me hacen sentir verdaderamente afortunada.

Que en paz descanse el emblemático Don Jacobo Zabludovsky, el orgulloso universitario.

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