Terremoto de 1985.

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Ser despertado por un fenómeno de la magnitud del terremoto que vivimos en México, el 19 de septiembre de 1985, no es nada grato para recordar. Menos aún para los que  perdieron uno o varios integrantes de su familia, amigos, compañeros de trabajo y el techo bajo el que vivían o bien su fuente de trabajo.

Momentos de incertidumbre, de pesar para toda la población. Hoy a treinta años del suceso acude a mi mente una pregunta ¿qué nos dejó esa amarga experiencia?

Pese a ese y otros eventos naturales, que hemos visto a distancia o sufrimos en nuestras vidas, no nos detenemos a pensar ¿cuál es la forma de ayudarnos en esas situaciones? Cierto es que lo inevitable no lo podemos solucionar. Sin embargo ¿qué ayudaría a nuestra familia a sobrevivir en un desastre?

terremoto 1985

Primero siempre tener en casa, escuela o trabajo un botiquín con lo más necesario. Gasas, vendas, agujas e hilo de sutura, antibióticos, sustancias para esterilizar, jeringas. Podemos aprender en centros de salud o consultar con el personal calificado del sector salud o protección civil para hacer un botiquín básico. Tener cuidado de periódicamente revisarlo para que aquello que tenga caducidad antes de que se venza renovarlo; si esperamos a que se caduque será un desperdicio, si los hacemos antes podremos donarlo a un dispensario. También tomar un curso de primeros auxilios, siempre es útil.

terremoto 85 a

Segundo participar activamente en los simulacros, informarnos e intercambiar con nuestras familias que hicimos y como lo hicimos, preguntar a los hijos y familiares ¿cuáles actividades realizaron? y ¿qué piensan del simulacro?. También, si existen fallas en las instalaciones –de la escuela o el trabajo- detectarlas y solicitar sean reparadas; no permitir que permanezca lo que está mal. Solicitar la solución por parte de la autoridad correspondiente y en caso de incumplimiento, continuar su gestión hasta lograr una solución real. Esto puede salvar vidas.

Tercero contar con un plan familiar de contingencia, por ejemplo, en donde nos vamos a reunir y cuál será la ruta de cada miembro para llegar a ese lugar y generar alternativas de solución a problemas que pudiesen surgir.

Dialogar con nuestra familia –inclusive como un juego, para que no se asuste a la gente menuda, y crea en rumores fatídicos- haciendo preguntas dirigidas para saber ¿qué entienden? Y ¿qué hacer en caso de una catástrofe?

No basta con recordar lo que nos pasó, con lamentarnos no ganamos nada, el hacer del suceso una experiencia que nos dé una oportunidad de vida, eso es lo que vale.

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