Niños hiperactivos

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El termino hiperactividad se describe por primera vez en 1902, por el Dr. George Still, para describir niños que desarrollan intensa actividad motora, se mueven continuamente sin que esa actividad tenga un propósito u objetivo. Comienzan una tarea y la abandonan para comenzar otra, dejando inacabada cualquier tarea.

Dícese que aumenta su hiperactividad cuando están con personas extrañas o que ven con poca frecuencia y que disminuye cuando están solos.

Son niños problemáticos, no miden la consecuencia de sus actos, no se amedrentan con los castigos, son inquietos y nerviosos. Son difíciles de educar, debido a que no concentran su atención en algo, y su rendimiento escolar es bajo aunque su cociente intelectual sea normal o alto.

Son impulsivos y desobedientes, hacen por lo general lo contrario a lo que se les indica. Obstinados y con baja tolerancia a la frustración, no les gustan las negativas, con sus caprichos tratan de lograr lo que desean. Generan situaciones de tensión donde se encuentran por sus cambios de estado de ánimo brusco e intenso, su temperamento es impulsivo y fácilmente excitable.

La frecuencia de este desajuste se calcula que afecta aproximadamente a un 3 por ciento de los niños menores de siete años; dentro de ese porcentaje se da en 4 niños por una niña.

Todo esto pareciera muy terrorífico, sin embargo, la educación laxa que se presenta en nuestras sociedades por múltiples factores, pone a los padres en dos problemas muy de riesgo.

Primero que el pequeño debe ser diagnosticado adecuadamente y no se deben aplicar medicamentos hasta que se le hayan practicado las pruebas correspondientes y que el diagnóstico haya sido realizado por profesionales y siempre contar con una segunda y tercera opinión. Invariablemente solicitar diagnóstico, tratamiento y pronóstico, porque ese es uno de los derechos de cualquier paciente y los encargados legales del menor, los padres o tutores, deben pedir respeto a ese derecho.

Segundo no confunda un problema de educación con hiperactividad. En mi trayectoria en el sector salud he visto a muchos padres decir: “mi hijo es hiperactivo”; al tratar al pequeño se da uno cuenta que es sólo un muchacho malcriado y que los padres están equivocados en su expresión. No tienen un problema de déficit de atención, son niños mal educados porque no se les corrige a tiempo y los padres no ponen más tiempo de calidad a su educación.

La atención debida y oportuna puede sacarnos de dudas y dar un tratamiento correcto.

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