Estamos expuestos

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La vertiginosidad de lo digital ha acelerado la ruptura de la seguridad. Nombres, domicilios, el color de la fachada de nuestra casa, trabajo, ubicación geográfica, nuestra imagen, los datos familiares y todo lo que se pueda imaginar correspondiente a nuestra identidad.

La globalización pone en riesgo nuestra identidad pues las empresas se las arreglan para comprar bancos de datos y hacernos localizables y vulnerables a todos los ciudadanos del mundo.

Es un hecho que no podemos aislarnos, sin embargo, podemos ser cautelosos, siendo moderados en la forma en que nos relacionamos en esta contemporaneidad digitalizada. Podemos hacer ejercicios de seguridad y solo contactarnos con personas conocidas acordando códigos y siguiendo los candados de seguridad.

Le comentamos tres anécdotas que parecen simples de tres ciudadanos diferentes:

Llamada a celular:

-Buenas tardes, ¿hablo con……..?

-Sí, diga.

-Llamo de (nombre de línea aérea) para decirle que su buen comportamiento crediticio ha sido recomendado para recibir una tarjeta de crédito de nuestra compañía. La tarjeta le reporta grandes beneficios y el monto de su crédito es de sesenta mis pesos.

-¿Dice que tengo buen comportamiento crediticio?

– Sí, por lo que usted sólo me dice que día y en donde se la entregamos.

-Perdone quien le dio mis datos. Sobre todo mi celular.

-Mire obtenemos datos de otros bancos.

-Pero eso no es posible.

– ¡Claro que si es posible!

-Mire… me da gusto que si hablen bien de mí, pero no sé si ya investigaron.

-Por supuesto.

-Está bien, porque estoy en buro de crédito y agradezco a su compañía que me considere con un crédito de ese monto. Aunque sea solo para su línea aérea. ¿Cuándo paso por ella?

-¿Está en buro?

-Si.

-Disculpe pero no procede su tarjeta.

-Pero si me recomendaron. (Ya no controla la risa)

-Disculpe, adiós.

-La persona que me llamó sabía mi nombre, mi número de celular y que tenía una tarjeta de un banco.

identidad 2

Siguiente caso:

Alguien me pregunta por mí.

-Buenas tardes, ¿conoces a Virginia Lamas?

-¿Quién la busca?

-¿Cómo es ella?

(Alguien entra y dice mi nombre)

-¡Pero eres tu preciosa! No desconfíes, me dijeron que te jubilas.

– ¿Si? ¿Quién le dijo?

-Eso no importa.

-¡Claro que importa!

-Mira esta es mi tarjeta y puedo ayudarte para que obtengas tu AFORE.

-No, gracias.

-Yo he atendido a varios compañeros. Inclusive yo soy jubilada.

-Pero ¿cómo obtuviste mis datos?

-Se dice el pecado no el pecador.

-Pues nuestra charla terminó. Buenas tardes.

-Te dejo mi tarjeta.

Al poco tiempo me marco a mi casa alguien que dijo era licenciado, de la misma compañía de la mujer, y el dialogo fue:

-Buenas tardes. Soy el Licenciado N… y le llamo del despacho C… porque sabemos que se jubiló.

-¿Me repite su nombre y compañía? (y repitió todo para que lo anotara)

-Me pongo a sus órdenes para…

-Primero explíqueme ¿quién le dio mi nombre y el número de mi casa?

-Vera es algo que no puedo explicarle, pero estamos para ayudarla.

-Le reitero mi pregunta: ¿quién le dio mi nombre y el número de mi casa? Tengo número privado y no se lo doy a desconocidos.

-Deje que le explique, mi compañía compra bancos de datos.

-Eso es ilegal y si me vuelve a llamar lo demando a usted y a su compañía.

La última anécdota: alguien recibe en su casa correspondencia a su nombre, recomendándole que ya es tiempo de disfrutar su jubilación.

Pensando que se trata de la institución de la que recibe su nómina como jubilado la abre y… ¡sorpresa! Es de una casa que realiza préstamos sin revisión de buro de crédito ni investigación alguna. Se pregunta ¿de dónde sacaron mis datos?

Nuestra identidad está vulnerada y no se ha legislando suficiente sobre este rubro. Debemos tener cuidado con nuestros datos personales y no dejarnos sorprender.

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