Día de la Enfermera y del Enfermero

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La vocación de las mujeres y hombres que se dedican a esta profesión es muy admirable. Servir al desvalido no es un acto sencillo, recuerdo a una enfermera que su aspecto osco y rígido mantenía a distancia a muchos de sus compañeros; sin embargo, la jefe Tere siempre en su servicio veinte minutos antes de su hora de entrada, siempre impecable, con su cofia simétricamente colocada, el uniforme como si se acabara de planchar y almidonar, sin una gota de maquillaje, las uñas recortadas, sin ningún aroma que perturbara a sus pacientes. Recibía personalmente todo el piso, paciente por paciente.

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Una mañana mientras recorría los pasillos del servicio de Oncología, escuche que una paciente se quejaba, ciertamente estaba en agonía. Y sólo Tere acompañándola, con su propia mano retiraba el sudor de la aperlada frente, cada vez que la paciente preguntaba si era algún familiar, ella contestaba afirmativa y compasivamente: “Si yo Soy, descansa”.

Cuando se percató de mi presencia se retiró una lagrima, acomodo sus lentes y dijo: “A veces es lo único que queda por hacer”.  Desde entonces siempre toque a todos los pacientes que estuvieron cerca de mí.

Y no sólo en mujeres, también recuerdo a Raúl, joven de rostro blanco pálido, muy delgado y también portaba su uniforme con gran dignidad. Introvertido y procuraba que las pocas platicas que tenía con sus compañeras y compañeros no lo entretuvieran demasiado para estar cerca de sus pacientes. Siempre procuraba estar en los servicios de mas trabajo, urgencias, pediatría y obstetricia eran unos de sus preferidos. Lo recuerdo con enormes cuidados hacia los recién nacidos, sobre todo con los prematuros. Los llamaba siempre por su nombre, el nombre que la mamá le había dicho que le pondría, en cuanto los recibía en sus manos el les hablaba como si fuera su amigo de siempre. Fue también un ejemplo de vocación.

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Como la historia de ellos hay millones y eso no les resta valor, al contrario, es lo que hace de esta parte de las Ciencias de la Salud una actividad sublime -sin menospreciar ninguna otra-, quien no ha sido tocado por uno de esos seres humanitarios y cuyo servicio es magnífico.

Gracias por estar ahí, gracias por ser parte de nuestras aflicciones y de nuestras alegrías. Porque no importa la hora, no importa el día cuando necesites a la enfermera o el enfermero siempre estarán cerca de ti.

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