105 aniversario de la UNAM

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En ocasión del aniversario ciento cinco y el próximo relevo en la rectoría, sea Rectora o Rector, en la Universidad Nacional Autónoma de México, deseo difundir el pensamiento y compromiso con el conocimiento, la ciencia y la tecnología que el Dr. José Narro Robles manifestara el 15 de junio del 2010 en Toluca, Estado de México. Y que hoy considero necesario, quien le suceda, siga abonando a nuestra máxima casa de estudios de México.

Y que este documento, como los otros muchos, donde el rector ha participado por su importancia le sea de utilidad. Reproduzco esta participación significativa del Dr. José Narro Robles y traigo al caso la reflexión que expusiera en el Foro de Reflexión y Compromiso por México, eje educación y cultura. Hoy a cinco años del evento y por las razones de relevo es importante que los universitarios, bien entendidos e interesados, sigan fortaleciendo nuestra universidad.

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Y menciono que la Universidad Nacional de México, se fundó en el año de 1910, pues los actores revolucionarios estaban ciertos de las necesidades sociales de la nación. En este Foro el Dr. Narro dijo que:

Voy a iniciar esta intervención con una afirmación que termina al mismo tiempo siendo la conclusión. La educación, la investigación, la ciencia, la tecnología y la cultura son imprescindibles si aspiramos a colocar a México en el camino de una nueva etapa del desarrollo nacional sustentada en el planteamiento de acciones con altura de miras y configuraciones de largo plazo.

Para tratar de documentar esta aseveración en los próximos minutos argumentaré sobre la necesidad de convertir a la educación sobre todo la de nivel superior a la ciencia en todas sus áreas y a la tecnología en eje centrales de la estrategia para el desarrollo de la nación.

Estoy convencido de que si no se otorga la prioridad de vida a la generación y difusión del conocimiento, si no se define para ello una política de Estado, México no tendrá el papel que merece en un concierto internacional donde el conocimiento desempeña el papel principal en la vida social y también en la productiva. La ciencia y la educación en el mundo de hoy.

La sociedad contemporánea entendida en su dimensión global se encuentra en profunda transformación. Los cambios son motivados, entre otros aspectos, por el vertiginoso avance de la ciencia, sus aplicaciones tecnológicas y las formas de comunicación. Todo esto configura en el ámbito internacional una nueva era, la era del conocimiento.

Los procesos de globalización que vivimos conllevan avances y logros, pero también contradicciones, contrastes y paradojas. Pese a los grandes desarrollos en todos los órdenes subsisten en amplios sectores de la sociedad graves carencias y problemas, condiciones de pobreza y de desigualdad, que los excluyen de los bienes y servicios e incluso que los dejan al margen del ejercicio de derechos humanos fundamentales.

En el mundo globalizado la economía se ha vuelto aún más competitiva, la participación de los países en los mercados depende, como pocas veces en la historia de la humanidad, de su capacidad para aprovechar las ventajas del saber.

Las sociedades que más han avanzado en lo económico y en lo social son aquellas que han logrado cimentar su progreso en el conocimiento, tanto el que la población adquiere mediante los programas educacionales formales, como el que se genera con la investigación científica.

En las economías modernas el conocimiento se ha convertido en uno de los factores de la producción más importantes, de la educación. La ciencia y la innovación tecnológica dependen hoy más que nunca la productividad y la competitividad económica, pero también el desarrollo social y cultural de las naciones.

Otro hecho irrebatible es que la creación de nuevos conocimientos y sus aplicaciones tecnológicas requiere de inversiones pública y privada importantes. Los países más desarrollados y algunos de los llamados países emergentes las están haciendo. Esas naciones han favorecido el desarrollo de la ciencia en todas sus áreas, incluidas por supuesto las ciencias sociales, las artes y las humanidades, el conocimiento y la investigación básica y también la aplicada, que resultan ser fundamentales para el desarrollo armónico de las sociedades.

Ninguna colectividad puede promover desarrollos tecnológicos útiles, plantear soluciones a los problemas de la sociedad o aportar al mejor entendimiento de sus grupos étnicos si no cuenta con un sistema científico sólido, el cual a su vez requiere de la existencia de un sistema educativo de calidad y coberturas amplias.

No hay duda para tener mayor productividad y ser más competitivos se necesita educación. La educación se ha convertido en una condición indispensable para que individuos y colectividades aspiren a alcanzar un futuro mejor. Es fuente de superación u sigue siendo el igualador social por excelencia y, por tanto, insustituible.

Los altos niveles de educación contribuyen a explicar la razón por la cual algunas naciones han conseguido grados más uniformes de desarrollo de sus habitantes y por qué en otros se enseñorea la desigualdad, el atraso, la injusticia e incluso la violencia y la delincuencia.

La experiencia mundial muestra la existencia de una estrecha correlación entre el nivel de desarrollo de los países en su sentido amplio, con la fortaleza de sus sistemas educativos y de investigación científica y tecnológica.

Según estudios de la OCDE un año adicional de escolaridad aumenta el Producto Interno Bruto per cápita de un país entre 4 y 7 por ciento.

Atrás quedaron los tiempos en que los gobiernos consideraban las erogaciones en la educación como un gasto, en la sociedad del conocimiento constituyen una inversión muy productiva, una inversión estratégica en lo económico y prioritaria en lo social.

Con esta óptica los países industrializados invierten masivamente en la investigación y la enseñanza, por lo que avanzan de manera acelerada en la adquisición del nuevo conocimiento y en su aplicación. En cambio, en muchos países en desarrollo tales inversiones son limitadas en parte por falta de recursos financieros, pero sobre todo por la falta de perspectivas de largo plazo, por no atreverse a contar con una política de largo alcance que considere al conocimiento como una inversión redituable en lo económico, en lo social y en lo político.

Con mucha certidumbre puede establecerse entonces que la educación, la ciencia, la tecnología, pero también la cultura son los instrumentos idóneos para que los países alcancen mayores niveles de desarrollo humano y de equidad social. Éstas son las claves del porvenir: Ciencia y desarrollo tecnológico en México.

Con toda claridad puede señalarse que en materia de educación superior, ciencia y tecnología, México ha logrado avances importantes e indiscutibles durante los últimos años; sin embargo, también puede asegurarse que los logros han sido insuficientes.

Los esfuerzos por consolidar un sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación, muestran que hay conciencia de la necesidad de contar con conocimientos para alimentar diferentes áreas de interés en el campo de la economía, la cultura y la política, pero también que es mucho y probablemente más lo que falta por hacer.

En el Programa Especial de Ciencia, Tecnología e Innovación 2008-2012 sé reconocer que la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación son precursores esenciales de la competitividad y el crecimiento económico. Se sostiene que de la vinculación que se da entre científicos, tecnólogos y la planta productiva nacional, dependerá en buena medida la inserción exitosa de nuestro país en la sociedad del conocimiento.

Pese a lo acertado de los diagnósticos formulados, la verdad es que no hemos avanzado lo necesario si nos comparamos con otros en el contexto mundial.

Desafortunadamente nuestros avances han sido insuficientes, tanto para responder a las necesidades del país, como para mejorar nuestra posición internacional.

Nosotros avanzamos, es cierto, pero otros lo hacen con mayor agilidad, la baja graduación de doctores, el limitado número de investigadores, la concentración territorial de la investigación, la escasa participación del sector privado y sobre todo el reducido presupuesto público y la falta de una verdadera política pública en la materia, son reconocidos por la comunidad científica del país como algunos de los principales para avanzar en este campo.

Dedicaré poco más adelante un breve comentario a cada uno de estos aspectos, pero antes haré un señalamiento: Un verdadero desarrollo de la ciencia implica a los investigadores, es cierto, indiscutible, pero también muchas otras cosas más.

Ese es el caso de otro tipo de recursos humanos, los estudiantes y los técnicos, además de laboratorios, cubículos, talleres, bibliotecas, para que se desarrollen las actividades.

De igual forma se requieren los equipos, materiales, libros, revistas, sustancias y reactivos que demandan las diversas líneas de investigación.

“POR MI RAZA HABLARA EL ESPIRITU”

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