105 Aniversario de la UNAM

By  |  0 Comments

Cuarta de cuatro entregas

Invertir en educación superior no es inflacionario, y aquí hay muchos economistas y los desafíos a que me den un ejemplo en donde las finanzas públicas de algún país hayan entrado en crisis por invertir en la educación, y en especial, en la educación superior. No hay un solo caso que yo conozca. Hacia una política de estado en materia de educación superior: ciencia, tecnología y cultura.

Después de esta somera revisión son pertinentes algunas preguntas. ¿Cómo puede nuestro país aspirar a alcanzar mayores niveles de bienestar social? si sólo el seis por ciento de su población de 25 a 64 años tiene educación terciaria, mientras que el promedio de la OCDE es 6 veces superior, que alcanza al 39 por ciento.

¿Cómo garantizar el futuro de nuestros jóvenes cuando las instituciones de educación superior, por falta de cupo y de opciones, dejan fuera a casi 8 de cada IO de quienes tienen entre 19 años de edad quieren en su mayoría estudiar?

A esto se suma el hecho de la insuficiente inversión que se hace en los alumnos de educación superior. Según datos recientes proporcionados por las estructuras gubernamentales en estudio de la OCDE- México tenía en 2006 un gasto anual por estudiante en educación superior equivalente a 6 mil 462 dólares.

Para muchos esto es demasiado, para los rectores de las universidades apenas si ajustamos para salir adelante, pero permítanme responder a algunas voces y comentarios.

Esta cifra- 6 mil 462 dólares es por supuesto muy inferior a la de países como nuestros vecinos del norte, donde se invierten 25 mil dólares por alumnos, pero también es bastante menor que lo que invierten países como Brasil, con más de 10 mil dólares, y España que destina más de 11 mil dólares: que ellos vayan a estar en la final del mundial es una cosa y que nosotros no hagamos el esfuerzo en este terreno es otra.

Según datos del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación, entre 2001 y 2008 el gasto público por alumno, abarcando todos los niveles, registró efectivamente un incremento de 7.6 por ciento en términos reales. Sin embargo, en educación superior el aumento fue de sólo 0.5 por ciento.

¿Cómo avanzamos en materias científica y tecnológica?

Con un número total de graduados de doctorado al año inferior al de una universidad.

¿Cómo lograrlo con un investigador por cada 2 mil habitantes, con una producción científica que representa menos del uno por ciento del total mundial, con 54 dólares per cápita en ciencia y tecnología, con 17 patentes certificadas y con un gasto federal inferior al 0.4 por ciento del PIB?

¿Cómo y por qué conformarnos con el hecho de que a pesar de que nuestra economía es la número 1 1 0 13 del mundo, según se mida, en competitividad económica estemos en el lugar 60 entre 133 países?

¿Cómo lograr que la iniciativa privada se convenza de que invertir en ciencia es la opción para que en el futuro las empresas cuenten con tecnologías propias, que haga más competitiva a nuestra industria?

¿Qué hacer para convencer a nuestros gobernantes de que el país requiere redefinir su rumbo y sus prioridades?

Que la educación superior, la ciencia y la cultura ameritan de políticas de Estado, que el conocimiento es un asunto de soberanía de las naciones, que sin educación y sin ciencia fuertes, estamos condenados a vivir en el cabús del desarrollo.

Obviamente ni son todas las preguntas que podrían formularse sobre estos temas ni las respuestas son simples. Por eso necesitamos más espacios para discutir, definir y acordar los cambios que el país requiere en esta y en otras materias.

Ha llegado el momento de hacerlo, de acordar entre todos el tipo de país que queremos.

En materia científica los acuerdos deben considerar que la educación superior tiene un papel imprescindible en la superación de las brechas científicas y tecnológicas que nos separan de las naciones más desarrolladas.

En el proceso de cambio que se requiere existe un imperativo, necesitamos definir e impulsar un nuevo modelo económico y esto no tiene nada de carga ideológica aunque algunos les pueda parecer, tenemos que sentarnos a hacer un esfuerzo y encontrar un modelo propio que responda a nuestra realidad, que tome en cuenta los recursos, los avances y las condiciones que tiene nuestro país.

El principal desafío de la educación superior es incrementar la cobertura y hacerlo con equidad y calidad. Necesitamos aprovechar los años que restan del bono demográfico, se nos está escapando. nos quedan 15 años en el mejor de los casos, a partir del 2018 va a empezar a rebotar el índice de dependencia de nueva cuenta en nuestro país.

Requerimos abrirnos al mundo, especialmente a la región que nos es más cercana, a la región iberoamericana. En este sentido, todas las acciones de coordinación serán benéficas para mejorar la calidad de las instituciones de educación superior.

Nuestro país requiere de ciencia y tecnología propias, seguir dependiendo de lo que viene del extranjero es condenarnos a la mediocridad y a ser una nación maquiladora, a sacrificar soberanía, a hipotecar parte de futuro de nuestro país.

El país merece contar con visión de Estado para impulsar la educación superior, la ciencia, la cultura y la tecnología. Merece una visión que se traduzca en políticas públicas con una concepción renovada de la gestión institucional del conocimiento, que comprometa a los tres Poderes de la República, a todos los sectores de la sociedad y, por supuesto, a las propias instituciones educativas.

En estas acciones, como lo hemos propuesto frente a la Cámara de Diputados deben efectuarse los cambios jurídicos necesarios para contar, por ejemplo, con una política de presupuestos multianuales que aseguren el funcionamiento de la política de Estado, política que permita incrementar de manera sostenida el financiamiento para la ciencia de tal forma que cuando más en una década, la que estamos viviendo, se alcance de verdad el I por ciento del PIB en esta materia y también para alcanzar el 50 por ciento de cobertura en la educación superior para los jóvenes de 19 a 23 años. De igual forma, se debe, al menos, duplicar el monto presupuestal federal destinado a la cultura y las artes.

El establecimiento de una política de financiamiento de la ciencia y la educación superior con esta perspectiva conlleva necesariamente el reforzamiento de los compromisos de las instituciones de educación superior con la transparencia y la rendición de cuentas. No sólo no estamos peleados con esto, hemos sido puntualmente informadores de la sociedad y de los poderes establecidos de qué hacemos con los recursos que nos dan, de cuánto destinamos a las tareas que la sociedad nos ha encomendado.

Junto con lo anterior, el número de graduados en los programas de doctorado debe multiplicarse por tres en esta década y el porcentaje de programas de doctorado de calidad a aumentar significativamente.

En adición será necesario poner en práctica acciones para rejuvenecer la planta de investigadores del país y estimular entre la comunidad científica el registro de patentes.

Recientemente la ex Presidenta de la Academia Mexicana de Ciencias propuso el establecimiento de una nueva secretaría en el ámbito federal, la de Educación Superior, Cultura, Ciencia e Innovación. Esta es, al menos, una propuesta que debe considerarse a fin de tratar de articular consolidar las acciones y estimular el desarrollo en la materia, no hay duda, tenemos también falta de coordinación y proyectos que se duplican innecesariamente.

No quiero dejar pasar la oportunidad en este foro para reiterar aunque ustedes no lo crean, mi optimismo más profundo en torno al futuro del país.

La nuestra, México, es una gran nación. Lo es en todos los sentidos. Lo es por su riqueza económica y su diversidad cultural, por sus recursos naturales y por su legado histórico, sobre todo la calidad de su gente.

Sin embargo no podemos dejar de reconocer que tenemos problemas y que algunos de éstos son históricos o seculares y muy grandes.

He reiterado en numerosos foros, hoy lo hago nuevamente, mi convicción que son algunos de estos problemas la desigualdad social, la injusticia, la ignorancia, la ausencia de inclusión, así como la ausencia de proyectos claros para superarlos y para reformular el rumbo de México.

He querido con esta presentación hacer notar que el gran secreto, la gran palanca para salir adelante tiene que ver con la educación en este momento por nuestro desarrollo, con la educación superior y con la estructuración de un verdadero sistema de ciencia, desarrollo tecnológico e innovación.

Es cierto, ni la sociedad de la información, ni la economía del conocimiento tienen todas las respuestas a nuestros problemas; pero también es verdad que sin educación, sin tecnología, ciencia, sin propias y sin desarrollo cultural no hay desarrollo real, no hay futuro.

Muchos estamos convencidos que los cambios acelerados del mundo de hoy nos llevan a diseñar un proyecto de país diferente. El nuevo tenemos que acordarlo con la participación de todos, y todos significa la sociedad civil, las fuerzas políticas, los empresarios y los Poderes Ejecutivo y Legislativo Federal, y los correspondientes a las entidades Federativas.

Creo, sinceramente lo creo, que es el momento de suscribir un nuevo acuerdo nacional. Para ello nos hace falta llevar a efecto un ejercicio de discusión con apertura. No será aferrándonos a viejas ideas como vamos a resolver nuestros problemas, tenemos que ponernos de acuerdo en las prioridades nacionales para rectificar, ya que es evidente que ya no estamos avanzando como se debe y a la dimensión que se requiere.

Entre estos acuerdos debemos construir de manera prioritaria una clara y ambiciosa política de Estado en materia de educación superior, ciencia, tecnología y cultura que trascienda a corto plazo. Mientras más tardemos en tomar las acciones necesarias seguirán acentuándose nuestros problemas y seguiremos rezagándonos en el contexto internacional.

A otras generaciones les correspondió establecer, desarrollar, impulsar muchas de nuestras instituciones; a la nuestra toca hacer la gran reforma que el futuro del país está demandando.

Por su atención e invitación, muchas gracias. (Hasta aquí el discurso del Dr. José Narro Robles)

Su discurso es vigente. Los hombres de México grandes e indiscutibles, son quienes se preocupan por la educación. Por eso la Academia Nacional, presidida por el Dr. José Elías Romero Apis, en sesión solemne le concedió recientemente la distinción de  la Gran Orden de la República que otorga la Academia Nacional, así como la Presea Benito Juárez y las insignias correspondientes a esta distinción, por parte de los representantes de las Cuatro Organizaciones Liberales de México reunidos, quienes destacaron los logros obtenidos en los ocho años que ha estado al frente de esta casa de estudios.

Y cito al Dr. José Elías Romero Apis –insustituible colaborador de El Excélsior-  que en su reseña de dicho acto, destacó que: “la condecoración reservada para aquellos mexicanos que han prestado a la nación un servicio indiscutible, incuestionable, invaluable e insustituible.

Servir, cuidar y engrandecer a la UNAM es servir, cuidar y engrandecer a México. Es procurarlo de la manera más valiosa porque es cuidarlo transtemporalmente al preservar su pasado, al custodiar su presente y al proteger su futuro.”*

En el evento también participaron José Elías Romero Apis, presidente de la Academia Nacional, AC; Jorge Cruz Bermúdez, presidente de la Legión de Honor Nacional de México, AC; Juan Carlos Sánchez Magallán, presidente del Congreso Nacional de la Abogacía, AC, y Luis Maldonado Venegas, presidente de la Academia Nacional de Historia y Geografía, AC.

Con fecha 16 de octubre del presente el Dr. Romero Apis cierra su nota: “Es cierto. Por las naciones, por los pueblos y por los hombres, lo mismo por Hélade, que por Roma, que por Anáhuac, lo único que ha hablado de su pasado, lo único que habla para su presente y lo único que seguirá hablando por su futuro, es tan solo su espíritu. Yo no tengo duda alguna sobre esta promesa de la historia y estoy seguro de que, por mi raza, hablará el espíritu.”*


* Cita de artículo publicado en Excélsior, en su sección Opinión, autor: José Elías Romero Apis, de fecha: 16 de octubre del 2015.

Latest posts by Leonarda Alarcon (see all)

Latest posts by Leonarda Alarcon (see all)

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *