105 aniversario de la UNAM

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( Tercera de cuatro entregas)

El número de patentes solicitadas en México aumentó 14 por ciento entre el 2001 y 2006 al pasar de poco más de 13 mil 500 a 15 mil 500; del total de patentes solicitadas, ojo, apenas el 3.7 por ciento, esto es, 574 correspondió a investigadores mexicanos y sólo 132 fueron concedidas. Las 574 eran solicitadas.

En el ámbito mundial México registró en el mismo año apenas 17 patentes de las denominadas triádicas, es decir, certificadas por tres instancias internacionales.

Esta cifra, 17 patentes es muy inferior a la de los llamados países emergentes como China, que llegó a 484: India con 136 y Brasil con 65.

Por supuesto mucho más lejos todavía se encuentran los países desarrollados como Estados Unidos o Japón, con 15 mil 492 patentes y 14 mil 1 87 respectivamente.

Según la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, en 2006 nuestro país presentó una elevada relación de dependencia en materia de ciencia y tecnología, 22.4. Esta relación es medida por el número de solicitudes de patentes de extranjeros y las solicitudes de patentes de mexicanos en nuestro país. Dicha relación en Estados Unidos es apenas de 0.88; en el Japón de 0.15; en España de 0.11; e incluso en Brasil es 6 veces menor, ya que alcanza únicamente 5.8.

Un analista acucioso de esta realidad muestra datos más preocupantes, lo cual no hace sino alimentar nuestra preocupación v los datos que se muestran en ese análisis nos indican que incluso el porcentaje de patentes solicitadas y concedidas en el país a mexicanos, está disminuyendo respecto del equivalente en el caso de los extranjeros.

El país requiere que las empresas se interesen más en la investigación y el desarrollo tecnológico. Es sabido que en los países más desarrollados el sector privado es el agente principal de la innovación, no es el caso entre nosotros.

En México, la cultura de la innovación es limitada y nuestras empresas constituyen el eslabón más débil en la cadena de la ciencia y el desarrollo tecnológico.

Necesitamos aumentar la capacidad de absorción tecnológica, sobre todo de las medianas empresas. Afortunadamente, según las encuestas hechas por INEGI y CONACYT, en los últimos años se ha empezado a registrar un incremento en el número de investigadores que se incorporan al sector privado.

 

La inversión nacional en ciencia y tecnología.

El gasto público federal en ciencia y tecnología ha observado una tendencia errática en las dos décadas pasadas. Mientras que en los años noventa se incrementó de manera significativa, al pasar de 0.28 por ciento del PIB en 1990, al 0.46 en 1998, desafortunadamente a partir de entonces hemos empezado a registrar nuevamente un decremento que hizo que en 2009 se ubicara la cifra en 0.37 del PIB.

Aún más: para este año parecería que vamos a tener nuevamente una pequeña, pero significativa disminución en la proporción del PIB destinada a esta actividad.

La dimensión real de este gasto es más clara en términos per cápita y si lo comparamos con otras naciones., En 2005 México destinó al rubro de ciencia y tecnología 54 dólares por habitante, cifra muy inferior a la de países desarrollados como Suecia, que destinó mil 250 dólares; Estados Unidos mil 94; Canadá 675 ó España 306 dólares por habitante.

Los recursos destinados a ciencia y tecnología son mayores también en países con niveles de desarrollo similar al nuestro, Brasil y Portugal son un ejemplo, cuyo gasto fue de 72 y 142 dólares per cápita, respectivamente, en ese mismo año, contra los 54 dólares de México.

A pesar de que nuestro país se encuentra entre las primeras economías del mundo, es el país de la OCDE con la menor inversión en investigación y desarrollo experimental, el promedio de esa organización es de 2.26 por ciento del PIB, el de la Unión Europea 1.81 por ciento, en tanto que el de América Latina es de 0.5, en Estados Unidos y Alemania es de 2.7 por ciento y 2.5, respectivamente, pero también habría que tener en cuenta el caso de países como Suecia o Israel que destinan a la tarea más de 3 puntos de su Producto Interno Bruto. Nosotros sumando inversión federal en ciencia y tecnología y en educación superior apenas nos aproximamos al I por ciento.

Un caso particular de este capítulo es el que presentan las naciones que conforman el grupo llamado BRIC, Brasil, Rusia, India y China, que muchos analistas consideran como potencias en el futuro cercano y algunos como potencias hoy en día.

Mientras todos esos países, i0jo!, están por debajo de México en el índice de desarrollo humano, tienen una inversión mayor en investigación y desarrollo como proporción de su PIB.

México en el lugar 53 del índice de desarrollo humano invierte, como vimos, menos del 0.4 por ciento.

Rusia en el sitio 67 destina 1.1 por ciento; Brasil en el lugar 70, invierte 1.2 por ciento; China, lugar 81, el 1.4 por ciento y la India. En el sitio 128 entre 133 países destina el 0.8 por ciento de su PIB, el doble de lo que destinamos nosotros.

De mantenerse el crecimiento inercial del financiamiento público para ciencia y tecnología observado en los últimos años, será probablemente en el 2042, yo no voy a poder estar presente, siempre lo recuerdo para cumplir lo que la Ley General de Ciencia y Tecnología determina de destinar el I por ciento del Producto Interno Bruto nacional a este campo.

La baja inversión pública y la casi nula inversión privada en esta materia provocan el lento crecimiento del sistema científico mexicano, pese a los esfuerzos de las instituciones públicas de educación superior del país para desarrollarlo.

Veíamos que la ciencia, la investigación y el desarrollo tecnológico, en nuestro caso, están íntimamente ligados a la educación superior pública del país.

Tratar, pretender ignorar esa situación es un grave error, por eso hablaré un poco también sobre la baja cobertura en materia de educación superior.

En México, como hemos visto, el sistema de educación superior y el de investigación científica son indisociables, por ello y por las implicaciones que tiene la sociedad entera resulta preocupante también la baja cobertura que tenemos en materia de educación superior.

Es cierto que en este nivel educativo la matrícula se incrementó de manera constante en las últimas dos décadas, no hay ninguna duda, hemos avanzado, lo tenemos que tener presente, pero no lo hacemos al ritmo que requiere y demanda un país como el nuestro.

Por ejemplo, pasamos de 1.3 millones de alumnos en 1990, educación superior en el país, a poco más de 3 millones en 2009.

Además el crecimiento se reflejó también, sin duda, en un aumento de la tasa de cobertura, la cual llegó casi al 28 por ciento el año pasado y es muy probable que este año estemos teniendo en la actualidad 29 por ciento de cobertura.

No obstante, el rezago en la materia sigue siendo para algunos de nosotros y por lo menos hablo para mí estricta y absolutamente mayúsculo.

La información dada a conocer el pasado mes de mayo sitúa a la cobertura, insisto, en 29.1 por ciento, pero esto significa que sólo tres de cada diez jóvenes de entre 19 y 23 años puedan cursar estudios superiores. El total de jóvenes mexicanos que están en ese rango de edades es cercano a los IO millones, lo cual implica que siete millones de jóvenes no pueden estudiar, la mayoría de las veces por falta de cupo en las instituciones, además de que muchos de ellos tampoco encuentran una ocupación en la cual puedan desempeñarse.

Esto además de ser un enorme desperdicio para la sociedad es un caldo de cultivo para que los jóvenes se aparten de los valores que permite la convivencia civilizada.

La falta de esperanza en el futuro es uno de los peores lastres que pueden arrastrar los seres humanos v es una amenaza concreta en nuestro medio; sin embargo, hay que decir que el promedio es todavía mayor.

El cálculo de la cobertura como se sabe se hace en términos crudos o brutos, es decir, obteniendo la proporción de estudiantes inscritos en todas las instituciones y programas de educación superior con relación al total de jóvenes del grupo de los 19 a los 23 años. Pero la verdad es que algunos estudiantes rebasan los 23 años, los del postgrado para empezar y otros, los muy avanzados, tienen menos de 19. Cuando se excluye del cálculo a éstos se obtiene la cobertura neta.

Algún estudio reciente de la ANUIES, y está aquí su Secretario General, para los años 2006 y 2007 estima que entre la cobertura bruta y la cobertura neta hay una diferencia de cerca de 7.7 puntos porcentuales. Si ese cálculo se extrapola a la actual cobertura bruta entonces tendríamos que sólo un poco más de la quinta parte de los jóvenes de entre 19 y 23 años se encuentra realmente cursando estudios superiores.

A la reducida cobertura se agregan las grandes diferencias entre las entidades del país- más de la mitad de los Estados, 17 en total, están por debajo de la media nacional.

El previsible crecimiento de la demanda de educación superior por la coyuntura del bono demográfico y la ampliación de la enseñanza media superior inevitablemente aumentará la presión por una mayor cobertura en este nivel educativo en los próximos años.

De los jóvenes que actualmente han logrado un lugar en la educación superior, dos de cada tres están inscritos en instituciones públicas y es previsible que estas instituciones reciban una mayor demanda.

La matrícula de educación superior privada ha crecido, aunque su dinámica de crecimiento se ha reducido en los últimos años.

La cobertura actual de este nivel educativo está muy por debajo de la alcanzada por los países desarrollados, que en general se ubica por arriba, por supuesto, del 60 por ciento y en muchos casos es superior al 75 por ciento; hasta llegar al caso de Finlandia en donde prácticamente 9 de cada 10 jóvenes finlandeses tienen la oportunidad de cursar estudios de tercer nivel o universitarios.

Pero no sólo los países desarrollados nos superan ampliamente, países con niveles de desarrollo parecidos al nuestro; Argentina, Uruguay y Chile han logrado coberturas muy superiores a las de México, y en los tres casos de más del 50 por ciento de sus jóvenes.

No hay razón válida para que el país no realice un esfuerzo para ampliar de manera significativa el acceso de los jóvenes y de la población adulta a la educación superior.

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1 Comment

  1. Rosa María Estrada

    octubre 19, 2015 at 4:45 pm

    Leonarda Alarcón:

    Es preocupante los dos siguientes párafos…..saludos…y ojala estemos conversando en un mejor panorama en el año 2042.

    Esto además de ser un enorme desperdicio para la sociedad es un caldo de cultivo para que los jóvenes se aparten de los valores que permite la convivencia civilizada.

    La falta de esperanza en el futuro es uno de los peores lastres que pueden arrastrar los seres humanos v es una amenaza concreta en nuestro medio; sin embargo, hay que decir que el promedio es todavía mayor.

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