105 aniversario de la UNAM

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La baja graduación de doctores.

La formación de doctores es de suma importancia para la producción de conocimientos nuevos. Atrás quedó la visión parcial de que investigar se aprende investigando.

Hoy, cuando se busca que la investigación ofrezca opciones de solución a los problemas globales y también a los locales, se requiere formar sistemáticamente a los investigadores y esto se hace principalmente en el doctorado, además de hacerlo en el número y las definiciones pertinentes.

De acuerdo con datos del CONACYT, el número de doctores graduados se incrementó más de once veces en el periodo que va de 1990 a2007.

Sin embargo, también hay que decir que la cifra es menor si la comparamos con la que registran otros países. Mientras en México se gradúan, por ejemplo, de los programas de doctorado, de calidad reconocida, 2 mil 252 doctores en 2007, en países como Brasil, España, Corea lo hicieron entre 8 y 10 mil doctores al año, en tanto que en los Estados Unidos se graduaron más de 46 mil ese mismo año.

Llama la atención el hecho de que en Brasil una sola universidad la de Sao Paulo graduó en esa época a 2 mil 266 doctores, cifra que es superior a la de todos los doctores graduados en México.

Un indicador comúnmente usado para hacer este tipo de comparaciones es el número de doctores graduados por cada 10 mil personas de la población económicamente activa, para nuestro país en 2007 la relación fue de 0.5 mientras que en Estados Unidos fue de 3.1, en España de 4.2, en Corea de 4.1 y en Brasil de 1.0 el doble de México. También en este indicador quedamos lejos de otros países.

El bajo número de investigadores, el número total de investigadores en México aumento más de dos veces entre 1997 y 2006, al pasar de 21, 418 a cerca de 49 mil.

Por otra parte, el número, el número de investigadores pertenecientes al Sistema Nacional de Investigadores, el SIN, se incrementó más de 11 veces en 25 años, al pasar de cerca de 1,400 a más de 15,500 en el periodo comprendido en el arranque del sistema, el dato es para 1984 y 2009.

No obstante, el importante crecimiento de investigadores registrado en nuestro país en los últimos cinco lustros, esta cifra también es poco significativa si la comparamos con la que se registra en otros países.

China, por ejemplo, en 2006 tenía 1 224,000 investigadores; Japón 709,000; Corea 199,000; Brasil 118,000 y España 115,000. Si tomamos los indicadores de población total o población económicamente activa se nos revela la diferencia que existe. Y todas estas cifras al final nos muestran con claridad que el tamaño de nuestro aparato científico es todavía insuficiente.

El peso, por otra parte, de las instituciones de educación superior públicas en la investigación y la generación de conocimiento en México es evidente y se revela al revisar la composición del SIN por tipo de institución de sus integrantes.

En efecto, el año pasado del total de investigaciones pertenecientes al sistema más del 70 por ciento correspondieron a las instituciones públicas de educación superior.

La mayor parte del 30 por ciento restante se originó en otras instituciones públicas de investigación y de salud y sólo un porcentaje menor en las instituciones privadas de educación superior que no habían tenido posibilidad de incorporarse y en las empresas.

Cabe destacar, por ejemplo, en el caso de la UNAM que aporta cerca del 22 por ciento de los investigadores vigentes en el sistema y el 46 por ciento de los que está en el nivel tres, el más alto. De cualquier forma, el sistema científico mexicano es eficiente, pero pequeño todavía.

Cuenta además como una limitada renovación de sus cuadros y éste tiene que ser un asunto que nos preocupe.

Dentro del sistema y en muchas de las instituciones de educación superior pública estamos viviendo esta condición. Por ejemplo, para el año en curso el promedio de edad de los miembros del SIN es de 50 años y el de los que inician, el de los candidatos de 38 años.

La concentración geográfica.

A pesar de que a partir de 1980 se inició un esfuerzo por descentralizar la investigación que han rendido frutos, uno de los principales problemas que se sigue enfrentando es la elevada concentración geográfica. En el Distrito Federal se localiza casi el 40 por ciento de los integrantes del Sistema Nacional de Investigadores.

Estimulantes en este sentido, sin embargo, son los datos que para este año se reportan y los cuales informan que los investigadores de las entidades de la República, de los Estados de nuestro país, ya representan el 62 por ciento del total, cifra que contrasta afortunadamente con la recogida hace 10 o 20 años. Sin embargo, otros datos nos sirven para ilustrar la concentración que todavía tenemos.

Tres universidades públicas de la capital del país, el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad Autónoma Metropolitana y la UNAM tienen casi a un tercio de los investigadores nacionales que hay en México. en tanto que en los Estados de la República, diez universidades estatales concentran el 70 por ciento de los investigadores nacionales de las Entidades Federativas. Esta es. por cierto, la Entidad, el Estado de México, que tiene después del Distrito Federal mayor número de integrantes del Sistema Nacional de Investigadores.

Con relación a los productos de la investigación éstos se pueden dividir en la generación de conocimiento científico y humanístico, y en la aplicación de dicho conocimiento a través del desarrollo tecnolózico.

La producción de conocimiento científico y humanístico se puede contabilizar, por ejemplo. a través de los artículos publicados por los científicos mexicanos, cuyo número se ha venido incrementando a lo largo de los últimos años. Sin embargo, el crecimiento registrado por importante que es representa en la actualidad que nuestro país apenas esté representado con el 0.8 por ciento del total de artículos publicados registrados por el Institute For Cientific Information en 2006.

En 2008 las universidades federales y estatales públicas produjeron otra vez el 70 por ciento de los artículos registrados en el índice de ese Instituto formado a partir de más de 16 mil publicaciones periódicas recogidas o registradas en todo el mundo.

Las instituciones privadas producen el 5.5 por ciento y el resto está a cargo básicamente de varios organismos públicos.

Cabe destacar otra vez que si sumamos a las tres instituciones federales de la Ciudad de México: el IPN, la UAM y la UNAM, se alcanza casi la mitad de lo que se publica en el país, 48.2 por ciento.

Lo anterior deja en claro que en México actualmente aunque con enormes disparidades y como sucede en muchos países en vías de desarrollo, la investigación científica se lleva a efecto básicamente en las instituciones públicas y primordialmente en las de educación superior.

Torre_de_Rectoría

Por ello, ningún proyecto de desarrollo de la ciencia en México puede ignorar esa realidad: la escasa participación del sector privado.

En lo que respecta a la aplicación o uso productivo del conocimiento, es decir, al desarrollo tecnológico medido a través de las patentes, por ejemplo, tanto las solicitadas, como las concedidas, la situación de nuestro país en el ámbito mundial no es para nada mejor.

Cabe aclarar en este sentido que la obtención de patentes ha sido hasta ahora una tarea que pensábamos debía realizarse fundamentalmente en las empresas privadas. Ahí hay, creo yo, una equivocación.

Es cierto que las universidades también patentan sus resultados, en especial cuando hay vinculación con los sectores productivos a pesar de que lo hace en una proporción mucho menor que la que se espera de una producción científica tan importante como la que hemos visto. De hecho este asunto del patentamiento es realmente asignatura pendiente en nuestro medio.

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